2009-05-17
Adiós a Mario
Descansa en paz, nos vemos a la vuelta compadre:
CERO
Mi saldo disminuye cada día
qué digo cada día
cada minuto cada
bocanada de aire
muevo mis dedos como si pudieran
atrapar o atraparme
pero mi saldo disminuye
muevo mis ojos como si pudieran
entender o entenderme
pero mi saldo disminuye
muevo mis pies cual si pudieran
acarrear o acarrearme
pero mi saldo disminuye
mi saldo disminuye cada día
qué digo cada día
cada minuto cada
bocanada de aire
y todo porque ese
compinche de la muerte
el cero
está esperando
Mario Benedetti
2009-04-07
Conclusiones ((Historias mal contadas de situaciones que ameritan una leída con lupa)

Mi ciudad es cómplice de algunas de mis peripecias por sobrevivir.
Más de una vez mi vida ha corrido peligro cuando intento dármelas de ciudadano e imito la televisión “conoce tu ciudad, conoce tu espacio”
Lamentablemente tal parece ser que ese slogan no lo conocen algunos de los que caminan conmigo cuando conozco mi ciudad.
o… se lo toman muy a pecho y lastiman mis costillas con revólveres de algún calibre
y mi billetera paga los vasos rotos
o huesos rotos
o dignidad rota
o Leider roto
y en muchos pedacitos.
Un golpe más
y empezarán a romper al Miguel.
¡Qué bien…! al menos falta un poco para el Utria.
2009-03-29
cuando muera por favor traerme lápiz y papel

De niño siempre creí que las mariposas eran las asesinas de la naturaleza. En serio, sonará tonto, pero lo creía así. Recuerdo que una vez estando en la casa de mis abuelos empezó a llover. Yo estaba sentado en un taburete comiendo caña mientras esperaba el almuerzo. El olor a lluvia siempre me ha dado buen apetito. Y el olor de la cocina de mi abuela me producía gastritis cada media hora. Era un deleite, un placer que hace rato no lo experimento. Las mariposas volaban sobre mi cabeza en vivaces colores y me alegraban mi manjar de caña dulce. Luego no recuerdo más, sólo una escena con un tinto y mi abuelo sobándome la cabeza. Fue mi primer encuentro con la muerte. Lo resumo, mariposas volando, un tinto negro y mi abuelo sobándome la cabeza. Moriría de cáncer dos meses después pidiendo a gritos su taza de tinto negro.
Ver la muerte a los ojos me asusta demasiado, me resulta tonto verme a mí mismo sonriendo mientras todos a mi alrededor – y espero así ocurra – lamenten la pérdida. Y digo sonriendo porque soy de los que cree que muerto todo es felicidad, y no lo digo como un posible suicida, lo digo como alguien que pasó su fin de semana de pie en una pared de hospital tomando agua en bolsita, dando pésames y evitando llorar, porque como buen terco que soy nunca lo hago. De allá vendrán mis gastritis, cuando lloro de adentro… para adentro. Y siento las mariposas volando sobre mi cabeza y de nuevo aparece la gastritis y de nuevo a eso de las 2 de la mañana viendo los carros pasar, la gente llorando, lo injusto de la justicia de la vida… me da hambre y me acuerdo de la caña y de mi abuelo. Sólo me acuerdo de la taza de tinto negro, de su rostro no queda un solo rastro, sólo el olor de la caña.
2009-03-18
I CAPITULO NOVELA
Bueno, ando trabajando en una novela, este es el primer capítulo.
I CAPITULO, Metiéndose en el cuento
Y heme acá sentado con el mismo jean de hace dos semanas. Esto de vivir solo se ha vuelto un martirio. He optado por sólo usar dos jeans, uno azul y otro negro. Este mes es el turno del azul. Las camisas son otra historia, de esas tengo varias. La que más me gusta es la azulita que me diste de cumple años. Hace tiempo no me pongo esa. En esta semana me la pondré cuando vayamos al centro. ¿Por qué demoras tanto comprando esos chicles? Ya me estoy empezando a aburrir. Es complicado, es una tarea complicada. Pero lo complicado no es por lo sencillo de su ejecución. Lo complicado es que yo anhelo que lo sea. Entre más difícil más ajeno a ti, y así, como es costumbre, me encantaría más el resultado. Sigue siendo complicado esto de estar sentado en una esquina y ver los perros pelear por un hueso mientras coqueteas con el man de la tienda a ver si te hace un descuento. Es increíble como con todos logras mover tu ojo derecho y a la vez estornudas despacio y se te mete entre los pómulos dos hebras de tu cabello castaño. Y ahora me está empezando a dar hambre. Sabes que no soy el típico que canta de noche, o que alaba a Dios una vez por día, sobre todo cuando te empieza a dar hambre como ahora. Créeme en la vida real, o lo que llamas real no es así. No es que sea agraciado con las palabras. Por eso, agradeceré rencorosamente al idiota que ha aceptado tu ojo picho y tu estornudo con cabellos mezclados. Me voy. Nos vemos luego. En la esquina dejo la cerveza caliente, yo seguiré caminando y echando improperios a medida que me dejo crecer la barba, no me cepillo los dientes, no me cambio los zapatos y no me limpie otras partes menos románticas porque odio cuando el papel se me mete en las uñas.
- ¿Qué tanto miras el piso?
- Nada, acá meditando.
- ¿Vas a tomarte el resto de la cerveza? Tengo sed
- Ya está caliente. Hasta el águila se fue a dormir
- No importa, es para refrescarme la garganta
- ¿Por qué duraste tanto?
- Ya vas a empezar. Como vengas con tus celos me voy para mi casa.
- No, no voy a empezar nada. Sólo preguntaba. Es que demoraste siempre un poco.
- Yo no te dije que te quedaras esperándome. Pudiste acompañarme
- Es sólo una tienda, no tengo que ir contigo para todos lados
- Por lo mismo, es sólo una tienda y sólo fui a comprar chicles. ¿Ves? Son sólo chicles. Cómete uno para darte un beso.